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Poemas de Emily Brontë

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La época victoriana vio nacer una estrella refulgente que marcó un nuevo horizonte nada convencional: una estrella dolorosa, una estrella sentida en el alma, y quizás una estrella profundamente hermosa, si de bello se pudiera tratar el dolor de un alma desgarrada, en un paisaje nublado, borrascoso, helado hasta los huesos y ausente de algo cálido que acunara el alma…

Tanto la novela Cumbres Borrascosas como su poemario —obras estas de Emily Brontë— marcaron un antes y un después en la inmensamente rica literatura británica.

Emily Brontë significó una ruptura contra lo convencional en la era victoriana; una ruptura contra los parámetros normales de la época; un estrellarse contra los amores almibarados y los sentimientos de tono rosa, enmarcados en salones plagados de gobelinos muy clásicos y muebles tradicionales y conservadores, en aquellos ambientes socialmente aceptados por unas élites acostumbradas a mantener la voz baja y sostener la discreción ante todo…

Es la irrupción del campo en la literatura: el campo crudo de alta montaña, mostrando el entorno campesino de las tierras altas y los ambientes rústicos de climas helados y ventosos, de aquellas cumbres inalcanzables barridas por historias que son difíciles de imaginar, a menos que se vivan literalmente como ampollas dolorosas en carne viva.

La obra de Emily Brontë hace apología a los amores imposibles y truncados y a los sentimientos que afectan y golpean el alma. 

Quizás a fuerza de recordar algún atardecer sombrío entre nieblas y oscuros nubarrones de un paisaje lluvioso del altiplano colombiano, como los que en ocasiones se ven en la región donde está situada mi finca, en Guasca, Cundinamarca, encuentro alguna similitud con aquel paisaje gélido, martirizado por el viento borrascoso y pincelado de un gris profundo, muy propio de las colinas de Yorkshire, en Gran Bretaña y descrito con doloroso realismo por Emily Brontë, tanto en su legendaria obra, “Cumbres Borrascosas”, como en su poemario, que aquí, en este libro, pretendo revivir y sacar a la luz pública.

No tuvo éxito como escritora en vida y tuvo que usar un masculino pseudónimo para marcar su obra, pues las condiciones de la época victoriana no permitían que una mujer pudiera destacarse con las letras ni con nada…

Las penurias de una familia como la de los Brontë, acantonada sin remedio en una región olvidada de la campiña británica, en medio de una tragedia signada por la tuberculosis y la desesperanza, fue quizás el escenario precursor para facilitar la presencia de las musas que llevaron a dar luz de vida a una pluma de selecta condición y sublime finura literaria como la de Emily Brontë.

Gordon McAllister

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