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DE PALESTINA, UN VIOLINISTA

A veces, una vida entera puede comenzar de nuevo con una carta inesperada.

 

 

Akram Abushihab es palestino.

Hace más de sesenta años abandonó su tierra y comenzó una nueva vida en Colombia. El tiempo pasó. Prosperó, formó una familia y aprendió a convivir con los recuerdos de un país que había quedado demasiado lejos.

Pero existe algo que nunca consiguió olvidar.

Un sobrino.

Su nombre es Khaled Abushihab.

Durante décadas Akram no ha sabido si aquel muchacho logró sobrevivir a las guerras, a la violencia y a las sucesivas tragedias que han marcado la historia de Palestina.

Hasta que un día aparece una carta.

Ha llegado desde Washington D. C.

La remitente es una mujer desconocida: Myriam Kravitz.

Un apellido judío.

Dentro del sobre hay una carta escrita en inglés, dinero y dos pasajes de avión. Y una noticia que Akram creyó que quizá nunca recibiría: Khaled está vivo.

Pero existe algo todavía más sorprendente.

Aquel muchacho palestino se ha convertido en violinista.

Una historia que comenzó mucho antes

De Palestina, un violinista, de Gordon McAllister, es una novela inspirada en el conflicto árabe-israelí, pero su historia se extiende mucho más allá de una confrontación política o territorial. La propia segunda edición, mejorada y actualizada en 2024, la presenta precisamente bajo esa definición.

Para comprender a sus personajes, la novela viaja hacia el pasado.

Aparecen el sufrimiento del pueblo judío en Europa, la expulsión de los sefardíes de España, la inmigración hacia Palestina, los kibutz, las resoluciones 181 y 194 de las Naciones Unidas, la Guerra de Suez, la Guerra de los Seis Días, Yom Kipur y las intifadas.

Pero detrás de esos grandes acontecimientos históricos existen personas.

Personas que aman.

Que pierden a sus familias.

Que emigran.

Que intentan comenzar de nuevo.

Y que muchas veces descubren que el supuesto enemigo tiene un rostro extraordinariamente parecido al suyo.

Tres amigos frente a una historia de enemistades

En Colombia se produce uno de los encuentros más significativos de la novela.

Akram Abushihab, palestino y musulmán.

Joseph Levy, judío asquenazí de ascendencia polaca.

Y Bonifacio Bonfante, colombiano y cristiano.

Tres hombres procedentes de mundos distintos que consiguen algo que pueblos y gobiernos llevan generaciones intentando alcanzar: sentarse alrededor de una mesa, conversar, disentir, reír y terminar siendo amigos.

Cuando Bonifacio presenta a Akram y Joseph, ambos congenian casi inmediatamente. Las antiguas diferencias religiosas y culturales pierden importancia en medio del ambiente caribeño de Barranquilla, acompañado —como corresponde a Bonifacio— por unos buenos rones y algunas carcajadas.

A partir de allí, las conversaciones entre los tres permiten recorrer una parte importante de la historia que rodea el conflicto.

Pero también plantean una pregunta mucho más sencilla:

Si ellos pueden ser amigos, ¿por qué resulta tan difícil para los pueblos conseguirlo?

Y entonces aparece Khaled

Mientras los mayores intentan comprender la Historia, otra historia mucho más íntima avanza silenciosamente.

La de Khaled Abushihab.

Su vida estará marcada por la guerra, las pérdidas y una violencia que nunca pidió. En 1973, durante la Guerra de Yom Kipur, la tragedia llega hasta su propia casa en Yenín, al norte de Cisjordania.

Pero Khaled posee algo que la guerra no consigue destruir.

La música.

Y también existe un objeto que atraviesa la memoria de su familia: un antiguo violín que había pertenecido a su abuelo y que Akram recuerda como la única posesión familiar de verdadero valor.

Poco a poco, aquello que parecía solamente una historia de guerras comienza a transformarse en una historia de supervivencia.

Y después, en algo más.

En una historia de amor.

Porque en el camino de Khaled aparecerá Myriam Kravitz.

Una mujer judía.

Precisamente la mujer cuyo nombre figuraba en aquella extraña carta recibida muchos años después por Akram.

Cuando la música puede decir lo que las palabras no consiguen

Palestino.

Judía.

Dos identidades que la Historia ha enfrentado innumerables veces.

Pero De Palestina, un violinista intenta imaginar qué sucede cuando esas identidades dejan de ser consignas políticas y vuelven a pertenecer simplemente a dos seres humanos.

Khaled y Myriam representan entonces una posibilidad diferente.

No la desaparición de sus orígenes.

No el olvido de lo sucedido.

Mucho menos la negación del sufrimiento de unos u otros.

Sino la posibilidad de construir algo a pesar de todo ello.

Y allí el violín adquiere un significado que supera al instrumento musical.

Se convierte en una especie de puente.

Entre generaciones.

Entre recuerdos.

Entre dos pueblos.

Entre aquello que se perdió y aquello que todavía puede recuperarse.

De Palestina a Washington

La novela finalmente conduce al lector hasta el Kennedy Center de Washington.

Allí, bajo las luces de una sala de conciertos, aquel palestino cuya existencia estuvo alguna vez marcada por la guerra ocupa ahora un lugar completamente distinto.

Khaled Abushihab ha llegado a convertirse en Primer Violín o concertino de una gran orquesta.

Entre el público está Myriam.

Y también Akram, aquel anciano palestino que décadas atrás había perdido prácticamente toda esperanza de volver a saber de su sobrino.

El círculo comienza a cerrarse.

Entonces alguien pregunta de dónde vienen.

La respuesta contiene, quizá, buena parte del sentido de la novela:

De Israel y Palestina.

Una novela sobre un conflicto. Pero, sobre todo, sobre seres humanos.

De Palestina, un violinista recorre uno de los conflictos más prolongados y dolorosos de la historia contemporánea, pero detrás de guerras, resoluciones internacionales, fronteras, religiones e ideologías coloca historias individuales.

Un palestino.

Una mujer judía.

Un violín.

Una familia separada.

Una carta enviada desde Washington.

Y tres viejos amigos capaces de conversar alrededor de una mesa pese a proceder de religiones y culturas diferentes.

Porque quizá después de siglos preguntándonos quién tiene la razón, exista otra pregunta que también merezca ser formulada:

¿Qué podría suceder si, por un instante, dejáramos de mirar al otro como enemigo y comenzáramos a mirarlo simplemente como ser humano?

De Palestina, un violinista es una novela sobre la guerra y sus heridas.

Pero también sobre la amistad, el amor, la música y la posibilidad de reconciliación.

Porque hay heridas que la Historia abre… y que quizá solo los seres humanos puedan comenzar a cerrar.

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